Recetas curiosas: Papillote de conejo asado.

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Papillote de conejo asado.

Buscaba una receta de conejo asado, cuando hojeando unos viejos libros de cocina y notas de mi  madre, por cierto la mejor cocinera del mundo. Encontré unas ajadas fotocopias entre las que se hallaba esta receta de conejo asado firmada por Manuel María Puga y Parga. Conocido en su época con el pseudónimo de “Picadillo” tituló la receta, “Conejo al papel”. Me llamó la atención tanto por su sencillez y originalidad como por su fino sentido del humor. Investigué un poquito y averigüé que la receta es parte de un libro escrito por el mencionado autor y publicado en 1905 con el título de “La cocina práctica”.conejo asado

Primeramente me voy  a tomar la libertad de transcribiros la receta original. Finalmente dejaremos  algunas notas y comentarios para que podamos comprender y elaborar esta receta fechada en el año 1905.

La receta original dice así:

Conejo al papel

Cácese un conejo, aunque sea sin la previa licencia; quítesele el gabán de pieles y los aditamentos intestinales, y una vez desnudo cuélguese en un clavo hasta la mañana siguiente.

A la hora de encender el fuego decuélguese el  cadaver y frótese el interior con una cabeza de ajos y  unos polvitos de sal, pasando luego la mano por el exterior y verificando igual fricción.

Si es capricho puede empezarse la untura por fuera.

Es muy conveniente también y no lo tomará a mal el animalito, que se le coloque en contacto directo con el cuerpo una ligera capa de grasa.

En estas condiciones el interfecto, envuélvase con un pliego de papel de barba y si es de oficio téngase cuidado de inutilizar el sello, porque está prohibido su uso.

Despés llega la difícil operación de espetar el animal en el sentido de su longitud, para lo cual es conveniente utilizar los caminos ya hechos para no causar destrozos, o sea desde la boca hasta todo lo contrario.

Donde no haya asador puede utilizarse el palo de limpiar los tubos o el palo de la escoba chica, pongo por caso.

Debajo del espeto se colocan unas brasitas y se va haciendo asar poco a poco, cantando un número de música cualquiera para hacerse la ilusión de que se toca un piano de manubrio.

Cuando esté a medio pasar, se le separa el papel y se deja el cuerpo al descubierto para que las brasas le hagan tomar un color dorado y apetitoso, sin olvidarse del indispensable manubrio.

Y colorín colorado a comer conejo asado.

Nota:  Cuando se trate de un gato hay que cortarle el rabo para evitar que se conozca el fraude”

Unas notas:

Ingredientes

Los ingredientes para esta receta de conejo asado no pueden ser más fáciles ni sencillos de encontrar hoy día: Conejo, sal y ajo

Elaboración.

La receta original de este conejo asado se elabora con una pieza de caza. La caza es más dura y para que ablande hay que orearlo una noche. Si tenéis ocasión prepararlo con una pieza de caza. La diferencia es la misma que en cualquier otro guiso de conejo, si es de caza es más sabroso. Aunque en honor a la verdad, en mi casa gusta más si es de granja.

Una vez tengáis el conejo pelado y oreado, o adquirido en esas condiciones en el  supermercado. Primero lo untamos con los aditivos de la receta. Hacemos un espeto con el conejo, o sea, atravesamos el conejo longitudinalmente. Elaboramos un papillote, es decir se envuelve en papel aluminio o sulfurizado.Finalmente se asa dándole vueltas sobre las brasa de una barbacoa. Mucho mejor si tu barbacoa cuenta con el elemento para dar vueltas a los asados con comodidad.

Observa el estado abriendo un poco el papel. Si observas que ya está cocinado, desenvuelve y acábalo de tostar al fuego.

Otra forma, al horno.

Igualmente lo puedes preparar en el horno a unos 170 grados. Si tu horno cuenta con rustidor mejor. En caso contrario en el centro del horno. Calor arriba y abajo durante unos 30 o 40 minutos, en función del tamaño del conejo. Dale la vuelta cuando haya pasado  la mitad del tiempo. Cinco minuto antes quítale el papel y dóralo al gusto.

Nota final:

Nota a la del autor, si usas un gato, aparte del rabo, córtale también la cabeza. Nunca una receta fue tan curiosa hasta cumple con el refrán por todos conocidos: “La curiosidad mató al gato”

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